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¿En Quién Creemos?Juan 6:29 “Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que él ha enviado.”
El Hijo de Abraham es el Señor, es la semilla, a quien se le dieron las promesas, es nuestro hermano mayor, y es nuestro Señor y Dios. A nosotros al igual que Abraham, todo lo que nos ha dado Dios es a Jesucristo y en la medida que le dejemos obrar, es que se cumplirán todas las demas cosas con promesas que el Padre nos ha dado. El hijo prometido se demoraba en venir y, Sara y Abraham decidieron ayudar a Dios. Agar, la criada, fue el instrumento para que naciera Ismael. Al igual que en aquellos dias, hoy muchos pretenden ayudar a Dios, esto se llama religión. La iglesia está dando a luz un hijo de acuerdo a la semilla sembrada en nosotros por el Espíritu Santo. Todas las promesas que el Señor nos ha dado, se pueden encontrar en la Biblia, libro que contiene la santa palabra de Dios. Solo el Espíritu Santo puede darnos testimonio en ella de lo que es palabra de Dios, si nos ha amanecido podemos tener el testimonio del Espíritu Santo sobre la letra, ya que los hombres han añadido y quitado porciones de la Biblia a través de los tiempos. El Señor nos dejó por medio del profeta Isaias, el principio “del testimonio” para recibir la verdad dirigidos por el Espiritu Santo sobre la palabra escrita, que nos revela los principios basicos del Reino de Jesucristo y su persona. Isaias 8:20 ¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer. Abraham solo tenía la promesa dada a Adan y Eva: “El hijo de la mujer abriría el camino al Arbol de la Vida del Paraiso de Dios”. Jesucristo es el Hijo prometido a Abraham y ha abierto el camino al paraiso que está ahora dentro de todo aquel que le haya recibido a él. De la iglesia nacerá tambien “un Hijo”, este es un cuerpo de muchos miembros, destinados a reinar sobre las naciones (Ap.1:12) , éste es un cuerpo sacerdotal, llamado: el “Hijo Varón”. JEHOVA SE PROVEERA Sin fe es imposible agradar a Dios, lo que vivimos en la carne es lo que necesita de fe, lo que vence al mundo es Cristo, todo lo que el Padre nos dio, por medio de la fe “es Cristo”. Nuestra fe es una persona, es fruto del Espíritu Santo y es don. Jn.6:44 “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” He.12:2 ”Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. I.Co.15:25-26 “ Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte”. No podemos creerle a Dios sin una relación con él, él está sentado en el trono de nuestro corazón y no hay ego que compita, mientras se van poniendo todos nuestros enemigos debajo de nuestros pies. “Él lo dijo, yo lo creo y él lo hace” Dios nos ha prometido como hijos alcanzar “la promesa” heredarle a él para que podamos ser el vehículo de expresión o manifestación de Dios. CREEMOS EN EL ESPIRITU SANTO Ap.1:12-18 “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” La Iglesia es un cuerpo de muchos miembros, dentro de ella hay otro cuerpo, que al igual que el apóstol Juan en el libro de Apocalipsis debe estar, en el Espíritu, en su Día (Cristo) Solo el Espíritu Santo puede dar testimonio por revelación de Cristo al que pertenezca a dicho cuerpo glorioso ya que somos “un hijo” y su crecimiento solo está sujeto a nuestra confesión. Ap.12:11 “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Dios tiene un hijo de la promesa y Dios hizo su pacto con la semilla de Abraham la cual Pablo nos dice que es Cristo. Gal.3:16 Abraham participó de aquel Pacto, pero en realidad la promesa fue a la semilla, la cual es Cristo. ¿Ha hecho Dios ese pacto contigo? No, fue con Cristo, él lo hizo con la semilla, así que cuando hablamos de la obediencia y de agradar a Dios obedeciéndole, debemos ser considerados con lo que pensamos, y muchos quieren ser obedientes para que la semilla de Dios nos absorba, pero carne y sangre no pueden obedecer a Cristo bajo el pensamiento de que somos “el viejo hombre” o herederos del viejo Adán. Gal.3:13-16 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es: Cristo.”
Hubo siete maldiciones sobre el hombre adámico, las cuales terminaron en el postrer Adán, en los sufrimientos en la cruz. La ley de vida del hombre viejo Adán, es pecado y muerte. En la cruz se efectuó esa redención o pago por todos los hombres, ya que el pecado y la muerte entraron por un hombre también la vida entró por Jesucristo en su resurrección y establecimiento de un nuevo hombre: el hijo del Hombre.
II.Co.5:14-15 “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” Cuando hacemos obra de evangelismo entre los que no han nacido de nuevo, les decimos: Usted no tiene ningún problema con Dios, Dios le amó y le reconcilió por medio de Cristo con él hace dos mil años atrás, usted fue diseñado para conocerle a él como Dios, y usted le glorificará y manifestará al mundo su gloria. Ro.7:4 “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.” He.10:9 “Y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.” Primero es un Pacto natural y habla de una simiente o semilla, de un hijo. El segundo Pacto es el Pacto eterno, que es todo espíritu y habla de un Hijo corporal (de muchos miembros) el grano de trigo murió y trajo muchos hijos. Todas las promesas y los principios básicos del Reino son sombra (ejemplos) en el Antiguo Pacto que corresponde al Antiguo Testamento a la letra de la palabra. En el Nuevo Pacto está el espíritu de la palabra que ahora vive en un tabernáculo o templo no hecho de manos humanas sino por Cristo. El Antiguo Pacto revela la justicia de Dios, un varón perfecto que es matado por la misma ley en la cruz, la cual cumplió Jesús para que el primer Adán alcanzara dicha justicia; por ello legalmente el postrer o último Adán era Jesucristo, muriendo como tal hombre adámico en la cruz, y triunfando sobre toda la ley que mostraba al hombre pecador y lo mataba. La raza humana murió en la cruz, la cabeza de la serpiente fue destrozada por Jesucristo y nació un Nuevo Hombre comprado por la sangre redimido por Jesucristo. El creyente nacido de nuevo tiene una nueva naturaleza, su luz esta echando fuera las tinieblas del viejo hombre A nuestro padre Abraham, padre de nuestro Señor Jesucristo se le dieron las promesas y creyó a Dios y por su fe en el Hijo, fue justificado y nombrado por Dios: perfecto. He.11:17-19 “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Gal.3:13-16 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.”
Ro.8:6 “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” Vida es la que mostró y dió el Nuevo Hombre: Jesucristo, la Ley del Espíritu de Vida del Nuevo Hombre me libró del pecado y de la muerte que el viejo Adán trajo a todos los hombres. Si no tienes conciencia de estar unido con Cristo en tu corazón, estas en muerte, la separación con Dios es “muerte”. El ministerio de la Iglesia es este: el de la Reconciliación, porque todo debe estar reconciliado con Dios por Cristo. Cristo nos redimió a todos y la iglesia se compone de creyentes sacados de la redención, añadidos al cuerpo de Jesucristo por el Espíritu Santo aprendiendo a comer el pan de vida, con la esperanza de crecer a la estatura de un varón perfecto a la plenitud del conocimiento de un hijo de Dios, un hermano de Jesús. II.Co.4:6-7 “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.” Col.1:13-14 “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” Ef.2:14-18 “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”
La primera cosa que dijo Juan fue: “contemplad al cordero de Dios que quita el pecado del mundo” Si el mundo y nosotros la iglesia también, seguimos buscando limpiar el pecado, es porque no hemos entendido la obra de Jesucristo en la cruz en los días de su carne. Ef.4:17-18,24 “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón. . . y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Los que hemos nacido de nuevo tenemos un gran privilegio, oír y ver a Cristo dentro de nosotros, y en la asamblea de la iglesia dejarle su lugar despojándonos de la muerte religiosa, creyendo en la bondad y belleza de Dios. Col.1:27 “a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” Podemos creer que Jesús esta viniendo en sus hijos para su glorificación I.Jn.2:28 “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. ” Creemos que podemos verle y manifestarle a cara descubierta como en un espejo, no porque esté escrito por el apóstol Pablo, sino porque hemos oído su voz y hemos visto la gloria de su faz en la dimensión celestial que él nos abrió dentro de nosotros, y esto podemos enseñar a otros para que se cumpla el Pacto Nuevo en los corazones de todos en la iglesia. El propósito del Espíritu Santo en cada creyente es que Cristo sea glorificado (II.Tes.1:10) y esto solo puede experimentarse viéndole como dice en el siguiente verso: I.Jn.3:2 “Cuando veas como es él (cuando le veas) entonces serás en experiencia como él, verle como es él, es ser como él.” Hoy es el tercer día del que habló Jesús, en el que perfeccionaría su obra. Pablo en I.Tes.5 dice que Jesús hará que nuestro espíritu, alma y cuerpo sean o estén irreprensibles para el día de su venida. Sostenemos en esperanza Es necesario buscar a Cristo dentro de nosotros, para que sea manifestado en carne, debemos saber que todo lo que somos y seremos eternamente está dentro de nosotros. Dios solo traerá de afuera la verdad necesaria para dar testimonio de Cristo. La victoria sobre el pecado, el mundo, la carne y el diablo está dentro de nosotros y solo la revelación de Cristo puede darnos la verdad y el poder vivirla. El mismo espíritu que levantó a Cristo de la muerte nos capacita para éste propósito: Reconciliar toda la creación con él. San Pablo dice que la creación, sujeta a vanidad (vacío), está esperando la manifestación de los hijos. Apenas comienza a entrar en conciencia el pueblo de Dios, de ser manifestación de Dios en la carne (tierra) Dios es uno con nosotros, él puede como espíritu dividirse y seguir siendo Dios; la unidad con el hombre es real, pero no es para que el hombre sea Dios, sino un instrumento en el mundo físico por el cual Dios, que es espíritu, se manifieste. Leer Ef.5:30-32
El nos dió una mente espiritual, la mente de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento natural y nos hace ser victorioso en todas las cosas. Ver las cosas según Cristo, nos libra de conocerle a él según la carne, esto es en lo natural, y más aún, debemos conocer a cada persona en el espíritu del Nuevo Hombre. Sal 102:16 “Por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto” Sión es la ciudad de Dios, donde Dios habita, es el nivel espiritual en nuestro espíritu donde habita Cristo. Sión era un montecito en Jerusalen, en donde el rey tenía su casa y trono. Era también la tumba de los reyes. Es el estado espiritual donde se muere el ego. El arca del pacto (la presencia de Dios) fue puesta por el rey David allí y representa el lugar donde gobierna la presencia del Señor. Sión también representa el más alto orden en la iglesia, donde los vencedores se sientan con Cristo en el trono para gobernar a las naciones con vara de hierro. Sión es el monte de luz sobre todo monte. II.Tes.1:10 “Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y a hacerse admirable en aquel día en todos los que creyeron: por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros”. El viene a ser glorificado en los santos, según la edificación que haga en nosotros. Si te acercas a los tuyos en la iglesia o en el mundo, tienes que estar seguro de estar viendo más allá de lo natural, mirar dentro de ellos y ver a Jesús y admirar en ellos eso que él es. Creemos que vendrá un día de manifestación y gloria en el cual aparecerá con él, no por haber hecho algo para ganar dicho premio, sino porque Dios ha pactado con la semilla. Tenemos dentro de nosotros la manifestación de la fe misma, su ser, donde el pacto necesita amanecer. I.Jn.3:2 “Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es". La meta del creyente (hijo de Dios) es verle a él como él es, para ser como él, porque le veras a él en ti mismo y en otros. I.Jn.4:17 “En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.” Muchos se preocupan en que creen otros del cuerpo de Cristo, y otros se agrupan por el mismo creer y lo que les agrupa, uniéndoles, les separa de otros, ya que la doctrina es sacada de la letra o Biblia, pero Dios nos ha dado una persona a quien oír y a quién creer (Jn6:27-29; Lc.9:35) Y Cristo es todo lo que el Padre nos ha dado para transformarnos en su propia imagen en la experiencia personal y corporal, y este debe estar revelado dentro del creyente; como Pablo el apóstol dijo: “Le agradó a Dios revelar a su hijo en mi.” Gal.1:16 Podemos también decir nosotros en este día: “Cristo en vosotros (todos), la esperanza de Gloria” porque está siendo revelado (visto) en la Iglesia y Ministerio de Visión y Restauración. |
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Visión Y Restauración, Internaciónal © 2004-2010 |
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